viernes, 17 de abril de 2015

SUNTURHUASI


Nuestra Señora del Triunfo o del Sunturhuasi

«El que pone en María las esperanzas, de mayores incendios no sólo salva riesgos de vida, pero del alma»
(Pedro Calderón de la Barca)


Entre los numerosos acontecimientos de orden sobrenatural que marcaron la cristianización del Perú, ninguno más notable que éste, acaecido en la ciudad del Cusco el 23 de mayo de 1536, tanto por la calidad de sus protagonistas cuanto por las circunstancias apremiantes que le rodearon

Francisco Pizarro, el legendario conquistador extremeño, llegó al Perú en los intersticios de una guerra fratricida, desatada tras la muerte del Inca Huayna Cápac entre sus hijos Huáscar y Atahualpa. Hecho que no puede dejar de considerarse providencial, pues allanó el camino para el dominio europeo y la consecuente implantación de la fe católica en nuestra patria. Muertos los dos enfrentados e irreconciliables hermanos, el experimentado soldado y hábil negociador otorgó la borla imperial a Manco Inca Yupanqui en el Cusco, como símbolo de reconciliación.
Pacificada la tierra, pretendía el Inca que le fuera devuelto el pleno ejercicio del poder; pero tal demanda no figuraba en la agenda de los españoles. Decepcionado, condolido por algunos maltratos sufridos e instigado particularmente por el Víllac Umu —el sumo sacerdote pagano—, el menor de los vástagos de Huayna Cápac decidió levantarse contra los cristianos. Aprovechándose de la ausencia de Almagro, que había partido hacia la conquista de Chile, y de la de Pizarro, que se encontraba en la costa, Manco Inca se retiró al valle de Yucay desde donde clamó por un levantamiento general.
La antigua capital del Imperio fue rodeada entonces por decenas de miles de guerreros, que comenzaron a amedrentar a sus contrarios. Los asaltos continuos que sobrevinieron, fueron ejecutados de tal modo y con tal fuerza, que los cristianos se vieron obligados a parapetarse en un amplio galpón de la plaza, llamado Sunturhuasi, que en quechua significa “casa de armas y escudos”. El cerco se fue estrechando y los atacantes decidieron incendiar las casas adyacentes a la plaza, cuyos techos de paja fueron rápidamente presa del fuego, salvo el del Sunturhuasi que milagrosamente quedó exento. Acorralados por las huestes del Inca, conjeturando un trágico final al sitio que el propio Pizarro sufría en Lima y el fracaso de las sucesivas expediciones que les fueron enviadas en su auxilio, con más de mil españoles muertos en toda la contienda, no esperaban ya más socorro que del Cielo.
Iglesia de Nuestra Señora del Triunfo

“Estando ya los indios para arremeter contra los cristianos, se les apareció en el aire Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos, con grandísimo resplandor y hermosura, y se puso delante de ellos. Los infieles, mirando aquella maravilla, quedaron pasmados: sentían que les caía en los ojos un polvo, ya como arena, ya como rocío, con que se les quitó la vista de los ojos que no sabían dónde estaban. Tuvieron por bien volverse a su alojamiento antes que los españoles saliesen a ellos. Quedaron tan amedrentados que en muchos días no osaron salir de sus cuarteles” (Inca Garcilaso de la Vega, Historia General del Perú, Libro II, Capítulo XXV). 

Esta maravillosa intervención de la Santísima Virgen con su Divino Hijo, que alejó las perspectivas de una terrible noche triste como la sufrida por Cortés en la conquista de México, no fue vista por ojo de español sino exclusivamente por los indígenas, quienes transcurridos los hechos contaron lo sucedido.
“Y de aquí nació —continúa Garcilaso— que después de apaciguado aquel levantamiento de los indios, los naturales del Cusco y las demás naciones que se hallaron en aquel cerco, viendo que la Virgen María los venció y rindió con su hermosísima vista y con el regalo del rocío que les echaba a los ojos, le hayan cobrado tanto amor y afición”.
*     *     *
El P. Vargas Ugarte en su Historia del Culto de María, trae una larga relación de autoridades y otros declarantes que dan testimonio del milagro. Hubo dos cronistas presentes en el hecho que lo consignan: Alonso Enríquez de Guzmán y Pedro Pizarro. Los demás, desde Guamán Poma hasta el P. José de Acosta, estuvieron en contacto con los testigos, siendo que los testigos indígenas certifican siempre que la Aparición fue vista por ellos. Tienen los cronistas expresiones como “yo mismo se lo oí a personas fidedignas que lo vieron”(Acosta).
Urna en la que se conservan los restos mortales del Inca Garcilaso de la Vega, en la cripta de la Iglesia del Triunfo

La gratitud de todos aquellos que se vieron directamente favorecidos con la aparición celestial, y de las generaciones posteriores que por la tradición la celebraron, nos han legado uno de los mayores monumentos a la fe de un pueblo. Es la magnífica Iglesia del Triunfo de Nuestra Señora, que adorna el flanco izquierdo de la Catedral del Cusco, levantada sobre los mismos pétreos cimientos del Sunturhuasi.
En su interior se conservan insignes recuerdos de nuestro pasado histórico. En el altar mayor, un portentoso retablo de piedra finamente labrada de 18 metros de altura, se encuentra la célebre Cruz de la Conquista que acompañó desde Panamá a Fray Vicente de Valverde, primer obispo del Perú, en todas sus incursiones evangelizadoras. Y una imagen de piedra blanca, vestida con primorosos mantos, de la Santísima Virgen en su advocación de la Asunción.
En uno de los arcos sobre sus muros, se estampa un enorme lienzo representando la milagrosa descensión de la Virgen Santísima sobre el galpón del Sunturhuasi, rodeada de ángeles; aparecen a su lado el Apóstol Santiago y el Profeta Elías; y debajo, tres príncipes y princesas incas portando sendos cirios en actitud de reverencia.
En la cripta de la Iglesia del Triunfo yacen los restos del ilustre mestizo cusqueño, Inca Garcilaso de la Vega, que oyó en su infancia las primeras narraciones sobre la Virgen del Triunfo, la cual propagó en sus escritos y le fue devoto durante toda su vida.
El demonio, padre de la mentira, reconociendo la inmensa derrota sufrida con la pérdida de la gentilidad, a modo de revancha atizó desde entonces la lucha civil entre los propios conquistadores (que se concretó con la llegada de Almagro al Cusco, después de su desastrosa expedición a Chile) y que vino a retardar por algunos años —pero ya no a impedir— la fulminante irradiación de la fe católica en el corazón de la América meridional.     

jueves, 26 de marzo de 2015

VIRGEN DEL MILAGRO DE LIMA


La historia religiosa del Perú está surcada de episodios maravillosos que, si fuesen debidamente conocidos por los fieles, estimularían poderosamente la piedad y la virtud. Ignorados por una prensa que parece únicamente tener espacio para la inmoralidad y el escándalo, y desconocidos incluso en muchos ambientes católicos, ahí están sin embargo para iluminar y llenar de esperanza al atribulado hombre del siglo XXI.

Hoy ponemos al alcance del lector uno de los más notables hechos de la epopeya evangelizadora, la historia de la piadosa imagen de la Inmaculada Concepción que se venera en una capilla contigua a la iglesia de San Francisco, bajo la advocación de Nuestra Señora del Milagro de Lima.
La escultura, que irradia notable majestad y serenidad, es sin duda de las primeras que vinieron al Perú: fue traída de España por los franciscanos que acompañaron a los conquistadores en 1532. Como se trataba de una imagen pequeña y articulada, que fácilmente cabía en una maleta o en una pequeña caja transportable, pudo acompañar durante largos años a los intrépidos frailes en sus correrías apostólicas por el vasto imperio de los incas, para irradiar la fe verdadera entre sus pobladores. Por eso mismo llegó a ser conocida como la Virgen Misionera. Años después sus peregrinaciones cesaron, y permaneció expuesta sobre el arco de la portada del primitivo templo franciscano.
Relegada por muchos a un injusto olvido, sin embargo almas privilegiadas como la de San Francisco Solano y el venerable Fray Juan Gómez —cuyas famas de santidad corrían parejas— le tributaban la más tierna devoción. Éste último, que se popularizó por el milagro del alacrán, adelantándose al tiempo, profetiza que vendría una época en que la dulce Señora sería veneradísima del pueblo cristiano.
El gran milagro
Casi un siglo después de su llegada, el 27 de noviembre de 1630, la encontramos en aquella misma ubicación, mientras el pueblo de Lima se entretenía en uno de aquellos acostumbrados encierros taurinos que tenían lugar en la Plaza Mayor.
De pronto, hacia el mediodía, sobreviene un violento temblor de tierra. El sobresalto es mayúsculo. En aquel momento de general consternación, algunos religiosos y fieles congregados en el atrio franciscano, al dirigir sus miradas hacia el arco de la portada, notan con asombro que la pequeña efigie de la Purísima se vuelve por sí misma hacia el altar mayor, e inclinada y con las manos juntas suplica a su Divino Hijo presente en el Sagrario perdón y clemencia. Todos comprenden que, gracias al patrocinio de María Santísima, la ciudad se había salvado de su ruina.
Monumental Iglesia de San Francisco de Lima. En la parte inferior derecha: la Capilla del Milagro.
Aplacada así la justicia divina y persuadidos los testigos del milagro, comenzaron a pregonar el suceso por el vecindario, con el consiguiente arremolinamiento de devotos, incrédulos y curiosos. Aquel mismo día, después de vísperas, los frailes menores se postraron de rodillas ante la venerada imagen y entonaron la antífonaTota Pulchra est Maria (Toda hermosa eres María), como lo hacen hasta el día de hoy. Pero entonces, ¡oh prodigio!, la numerosa concurrencia pudo verla recobrar por sí sola su primitiva posición, quedando con el rostro apacible y sonriente, y mirando a todos que reverentes y agradecidos invocaban su santo nombre.
El hecho fue corroborado por el informe canónico que se elevó años después y la resolución del Virrey, de la Real Audiencia y del Cabildo de celebrar anualmente su fiesta, ahora bajo la invocación de la Virgen del Milagro, el día 27 de noviembre.
Un aspecto particularmente sugestivo de este maravilloso suceso, ocurrido en la Lima virreinal con una imagen de la Inmaculada, es que el mismo tuvo lugar exactamente —en día, mes y año— dos siglos antesde la célebre aparición en París de la Virgen de laMedalla Milagrosa, que se presentó también como Inmaculada, “María sin pecado concebida”: ¿Qué designios providenciales hay por detrás de esta precisa coincidencia de fechas y nombres entre estas dos imágenes de la Inmaculada Concepción, la Virgen del Milagro y la Medalla Milagrosa? Es, sin duda, un misterio lleno de atractivo, que un día nos será dilucidado, y saludamos al pasar: “Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.
Apogeo, decadencia, tribulaciones
En su Crónica de la Provincia de los Doce Apóstoles, Fray Diego de Córdova y Salinas relata que“con motivo del prodigio referido se fabricó una hermosa capilla, que se labró luego en el mismo lugar, cubierta de locería y artesones dorados y sus paredes revestidas de azulejos y valientes pinturas, quedando la devotísima imagen para eterna memoria en la parte y lugar antiguo, sobre el arco de la puerta, ricamente aderezada, coronada de lámparas, festejada de la devoción de los fieles, concurso de pueblo que la asiste, demostraciones de piedad y religión que los Príncipes, Virreyes, Audiencias Reales y Tribunales graves le prestan, para inclinar su patrocinio y la gracia y misericordia de su celestial Hijo”.
Altar de la Virgen del Milagro
Siguieron años de auge y fervor en la devoción a la Virgen Purísima del Milagro; su fiesta se conmemoraba todos los años con gran magnificencia, al estilo deslumbrante de la época virreinal. Hasta los Romanos Pontífices se prodigaron en hacer patente su amor filial a María Santísima, concediendo gracias, indulgencias y privilegios, a sus cofrades y a su capilla; Benedicto XIV le dedicó una bula especial. Con los aportes de sus devotos se llegó a constituir un cuantioso fondo que permaneció durante décadas bajo la custodia del Tribunal del Consulado.
Dicho fondo se esfumó en las revueltas políticas de la emancipación; época aciaga que, entre otras cosas, se caracterizó por un lamentable enfriamiento religioso que volvió a opacar el esplendor de esta devoción mariana. A esta decadencia la Divina Providencia no fue indiferente: en efecto, el 13 de enero de 1835 una causa fortuita hizo que la hermosa capilla del Milagro fuera consumida por el fuego, del que se libró tan sólo la milagrosa imagen, que resultó intacta. De entre los escombros se logró rescatar algunas alhajas, no obstante, sin que se pudiera salvar el Santísimo Sacramento.
La ciudad se conmovió ante la destrucción del santuario. Gracias a la diligencia de Fray Francisco de Sales Arrieta, con no menos magnificencia se levantó nuevamente la capilla, terminando la obra durante su gestión como Arzobispo de Lima (1840-43).
Una esperanzadora promesa: “Yo te lo pagaré”
Más recientemente, al verificarse el cuarto centenario de la Provincia Franciscana del Perú se resolvió implorar a la Santa Sede su coronación canónica. El 19 de julio de 1953 la sagrada imagen fue trasladada a la Catedral, en cuyo atrio el Nuncio Apostólico y más tarde Cardenal Mons. Fernando Cento, como Delegado Papal ciñó sobre su frente la áurea corona, mientras la artillería desplegaba una salva de 21 cañonazos en su honor.
En la actualidad, Nuestra Señora del Milagro ha caído nuevamente en el olvido e indiferencia de muchos limeños y provincianos que habitan la inmensa urbe. Pero está, como en tiempos de Fray Juan Gómez, a la espera de un resurgimiento general de la fe y de la piedad mariana. En aquel entonces, esta Soberana Señora se dignó hablarle a una india que siempre le rezaba y le hacía cumplidas reverencias: “Tú sola —le dijo— hija mía, entre todos los de esta ciudad, me haces reverencia; yo te lo pagaré”. Si la Santísima Virgen premió con creces a esta piadosa india hace 400 años atrás, ¿qué premios no dará, aún en esta vida, a los que defiendan y propaguen hoy su devoción?     

Obras consultadas.-
1. P. Rubén Vargas Ugarte  S. J.Historia del Culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados, 3ª edición, Madrid, 1956, t. II, p. 178-181.
2. Fray Manuel del Carpio y Salinas  O.F.M.Nueve días a los pies de Nuestra Señora del Milagro, Lima, 1953.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

SANGEETHA JAPAMALA FULL [Malayalam]

AMEMOS A MARIA , AVE , AVE , AVE . MIRIAM



Nanma nerum amma with lyrics

CANTO A LA VIRGEN MARÍA EN LENGUA MALAYALAM 

DE LA ZONA CATÓLICA DE LA INDIA - ESTADO DE KERALA .



Nanma nerum amma
Vinnin rajakanya
Dhanya sarva vandhya
Meri lokamatha

Kannilunniyakum
Unniyeshu thante
Ambayaya meri
Mary lokamatha

Mathave mathave
Mannin deepam neeye
Neeyallo neeyallo
Nithya snehadhara

Kumbil neetum kayil
Sneham thookum matha
Karunyathi natha
Mari lokamatha

Pavangal pithangal
Param kooppi nilpoo
Snehathin kanneeral
Pookal choodi nilpoo

Ashaa pooram neeye
Asraya haram neeye
Parin thaya neeye
Meri lokamatha.










miércoles, 3 de septiembre de 2014

TODOS LOS DÍAS CON MARÍA No 8 : AVE MARIA GRATIA PLENA . CANTADO POR EL GRAN TENOR PERUANO JUAN DIEGO FLORES




AVE MARIA
Ave María,
gratia plena,
Dominus tecum,
benedicta tu in muliéribus,
et benedictus fructus ventris tui Iesus.
Sancta Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc et in ora mortis nostrae.
Amen.





JUAN DIEGO FLORES TENOR PERUANO.

Marco Antonio Guzmán Neyra | Facebook

lunes, 20 de enero de 2014

TODOS LOS DÍAS CON MARIA No 7: DEVOCIÓN DE LAS TRES AVE MARÍAS SALVAN EL ALMA



DEVOCIÓN DE LAS TRES AVES MARÍAS



¿En qué consiste la devoción de las tres Avemarías?

En rezar tres veces el Avemaría a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Señora nuestra, bien para honrarla o bien para alcanzar algún favor por su mediación.

¿Cuál es el fin de esta devoción?
Honrar los tres principales atributos de María Santísima, que son:
1.- El poder que le otorgó Dios Padre por ser su Hija predilecta.
2.- La sabiduría con que la adornó Dios Hijo, al elegirla como su Madre.
3.- La misericordia con que la llenó Dios Espíritu Santo, al escogerla por su Inmaculada Esposa.
De ahí viene que sean tres las Avemarías a rezar y no otro número diferente.

¿Cuál es la forma de rezar las tres Avemarías?





"María Madre mía, líbrame de caer en pecado mortal.

1.
Por el poder que te concedió el Padre Eterno

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

2. Por la sabiduría que te concedió el Hijo.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

3. Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los
siglos de los siglos. Amén!"

¿Cuál es el origen de la devoción de las tres Avemarías?



Santa Matilde, religiosa benedictina, suplicó a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de la muerte. La Virgen María le dijo lo siguiente: "Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías. La primera, pidiendo que así como Dios Padre me encumbró a un trono de gloria sin igual, haciéndome la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también yo te asista en la tierra para fortificarte y apartar de ti toda potestad enemiga. Por la segunda Avemaría me pedirás que así como el Hijo de Dios me llenó de sabiduría, en tal extremo que tengo más conocimiento de la Santísima Trinidad que todos los Santos, así te asista yo en el trance de la muerte para llenar tu alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error e ignorancia. Por la tercera, pedirás que así como el Espíritu Santo me ha llenado de las dulzuras de su amor, y me ha hecho tan amable que después de Dios soy la más dulce y misericordiosa, así yo te asista en la muerte llenando tu alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para ti en delicias."

Y esta promesa se extendió en beneficio de todos cuantos ponen en práctica ese rezo diario de las tres Avemarías.

¿Cuáles son las promesas de la Virgen a quienes rezasen diariamente las tres avemarías?

Nuestra Señora prometió a Santa Matilde y a otras almas piadosas que quien rezara diariamente tres avemarías, tendría su auxilio durante la vida y su especial asistencia a la hora de la muerte, presentándose en esa hora final con el brillo de una belleza tal que con sólo verla la consolaría y le transmitiría las alegrías del Cielo.

María renueva su promesa de protección:

Cuando Sor María Villani, religiosa dominica (siglo XVI), rezaba un día las tres Avemarías, oyó de labios de la Virgen estas estimulantes palabras:

"No sólo alcanzarás las gracias que me pides, sino que en la vida y en la muerte prometo ser especial protectora tuya y de cuantos como tú PRACTIQUEN ESTA DEVOCIÓN"

También dijo la Santísima Virgen: “La devoción de las tres Avemarías siempre me fue muy grata... No dejéis de rezarlas y de hacerlas rezar cuanto podáis. Cada día tendréis pruebas de su eficacia...”

Fue la misma Santísima Virgen la que dijo a Santa Gertrudis que "quien la venerase en su relación con la Beatísima Trinidad, experimentaría el poder que le ha comunicado la Omnipotencia del Padre como Madre de Dios; admiraría los ingeniosos medios que le inspira la sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres, y contemplaría la ardiente caridad encendida en su corazón por el Espíritu Santo".

Refiriéndose a todo aquel que la haya invocado diariamente conmemorando el poder, la sabiduría y el amor que le fueron comunicados por la Augusta Trinidad, dijo María a Santa Gertrudis que, "a la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales".

¿Cuál es el fundamento de esta devoción?
La afirmación católica de que la Santísima Virgen poseyó, en el más alto grado posible a una criatura, los atributos de poder, sabiduría y misericordia.

Esto es lo que enseña la Iglesia al invocar a María como Virgen Poderosa, Madre de Misericordia y Trono de Sabiduría.



PARA REFORZAR ESTA DEVOCIÓN CONTAMOS UN BELLO TESTIMONIO DE FE 

Esta historia llegó a mi bandeja de correo y la transcribo :

En un país situado detrás del «telón de acero», en el que, en los primeros meses del año 1968, se recrudeció la persecución religiosa, uno de los Obispos allí radicados recibió una misiva comunicándole confidencialmente que se preparaba un atentado contra su vida, por lo cual debía huir sin pérdida de tiempo y ocultarse.

Obedeciendo la consigna recibida, el aludido señor Obispo salió de su residencia vestido de aldeano y huyó a campo traviesa, caminando durante todo un día, alcanzándole la noche, divisando una amplia vega.
Aprovechando la oscuridad, se aproximó a una casa que vio poco distante y pidió a sus habitantes le permitiesen descansar unas horas sentado en una silla.

Los ocupantes de la casa -un matrimonio con varios hijos pequeños- acogieron la petición de hospedaje del que consideraron labriego viajero, pero no sólo le ofrecieron silla, sino que le hicieron cenar con ellos y luego le acomodaron en una habitación con buena cama.

Durante la cena, como notase el huésped gran preocupación y visible tristeza en el matrimonio, no pudo silenciar su observación y preguntó el motivo de tal inquietud y congoja; informándosele entonces de que el anciano padre de uno de ellos no había podido sentarse a la mesa porque estaba enfermo de mucha gravedad desde hacía unos días, y aunque le insistían cariñosamente para que hiciera conveniente preparación para la muerte, por si el momento de ésta sobreviniera, él les contestaba que todavía no iba a morirse, y, por tanto, no se preparaba...

Hubo unos breves comentarios del caso, pero ninguno se atrevió a hacer mención del aspecto religioso del asunto.

Retirados a descansar todos y transcurrida la noche, se dispuso el visitante y huésped a proseguir su camino; y al despedirse y dar gracias a quienes con tanta amabilidad le habían tratado, preguntó si le permitían saludar al viejecito enfermo, para comprobar el estado actual de su dolencia, a lo que, gustosamente, se accedió y le acompañaron.

Una vez el labriego junto al anciano, y luego de una corta conversación afectuosa, éste último, adoptando un gesto y tono decidido, dijo: «Mire usted, yo sé que estoy muy malo y que ya no me restableceré; pero, también sé que por ahora no moriré».

Al oírle hablar tan seguro, todos sonrieron al enfermo. Y ante aquellas sonrisas, añadió éste: «Se ríen porque he dicho que tengo la seguridad de que no voy a morir por ahora... Pues bien; lo repito. ¿Y sabe usted por qué?... Mire, yo no sé quién es usted, ni cómo piensa, pero como en la situación en que estoy ya no temo a nadie, le voy a decir la verdad: Mi seguridad se apoya en que soy católico; los años de persecución religiosa no me han quitado la fe; y todos los días he rezado, y rezo, las Tres Avemarías, pidiéndole a la Virgen María que, a la hora de la muerte, esté asistido por un sacerdote que prepare mi alma para el tránsito, y usted comprenderá que habiéndole rogado tantas veces a la Santísima Virgen eso, la Virgen no consentirá que yo muera sin un sacerdote a mi lado; y como no lo tengo, por eso estoy tan seguro de que por ahora no me muero».

Emocionado el labriego por aquella declaración del ancianito, le tomó la mano y le dijo: «Esa gran fe que ha conservado, y esa súplica diaria a la Madre de Dios, rezándole las tres Avemarías, han atraído el favor del Cielo y ha sido la Providencia la que me dirigió hasta aquí... No es un sacerdote lo que la Virgen le manda, sino a su Obispo de usted... Porque yo soy el Obispo de esta Diócesis, que va hacia el exilio».

La impresión, y al propio tiempo el gozo, del anciano y sus hijos fue enorme. Tan grande, que no sabían cómo expresar su asombro y su reverencia...

Seguidamente, el señor Obispo realizó las confesiones, ofició la Santa Misa en la habitación del enfermo, y les dio a todos la comunión; dejando al viejecito espiritualmente dispuesto para emprender su postrer viaje con término en el Cielo...

Viaje que tuvo lugar dos días después de aquella Misa excepcional.


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